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Irán

Tras finalizar el año pasado nuestra ascensión en bici y carrera a pie a la cima del Kilimanjaro, las Ruthis pensamos en un nuevo reto para el 2019 y quisimos añadir a la parte física, una parte de vivencia emocional y personal.
Se nos ocurrió ir a Irán, ya que habíamos oído que allí la mujer, por cuestión religiosa tenia complicado la práctica del deporte al aire libre.
Así que, nos propusimos viajar a este país de religión mayoritariamente Islámica y recorrer parte de él en bicicleta y de forma autosuficiente.
Y así ha sido: tras meses de mucha organización del viaje en España, conseguimos concretar la zona de la ruta a pedalear.
Tarea difícil debido al peligroso tráfico que allí hay, junto con zonas por las que el Gobierno prohíbe pasar y, sobre todo, por el hecho de ser dos mujeres en bici en un país donde esto, no está demasiado bien visto e incluso prohibido.
Durante esos meses de preparación del viaje, la situación en Irán empeoraba. Trump amenaza con iniciar una guerra y la legislación iraní prohíbe terminantemente el uso de la bici para la mujer en este país, por considerarse pecaminoso.  Siendo castigado con multa, retirada de la bicicleta y por castigo según el Código Penal islamico.
Muchas son la noticias que leemos al respecto y familiares, conocidos y gente que ha estado en bici en alguna parte de Irán, nos lo desaconsejan.
Aun así, tras tramitar el visado en la embajada iraní en España, el 19 de septiembre poníamos pie en Teherán Ruth Moll y Ruth Gómez, con dos mochilas cargadas de ropa de montaña y pantalones amplios, blusones largos, pañuelos y hijabs para ir tapadas según dicta la vestimenta Islámica.
Nuestro propósito de viaje era realizar un trekking por el Damavand y luego recorrer el sur de Irán en bicicleta.
Sin nada organizado formalmente y pernoctando en casas de locales o donde surgiera.
Y así ha sido. Tras un trekking por el Damavand , poníamos rumbo desde Teherán hacia Isfahán para recorrer en bici sus alrededores y posteriormente adentrarnos en el desierto hasta llegar algo más lejos de Yazd.

Nuestras noches transcurrían en pueblos pequeños o  ciudades algo más grandes, en casas de iraníes que nos invitaban con hospitalidad a comer algo, ducharnos y dormir en alguna de las múltiples alfombras que abundan en sus hogares.
Y así, pedaleamos mas de 800 kilómetros a temperaturas por encima de 35 grados.
A veces por peligrosas autopistas con coches pitando constantemente al ver que éramos mujeres extranjeras. Parandose a mirar.
Otras, por carreteras secundarias más tranquilas, y otras en pleno desierto, donde las rectas se hacían interminables y donde, parecía mentira que, pese a estar a altitudes superiores a 2000 metros, la temperatura rondaba los 40 grados.
Pero lo más duro para nosotras no han sido los kilómetros, ni el calor, ni dormir en sitios poco higiénicos, ni las picaduras de algún bicho, o los labios cortados por el sol.
Lo realmente duro ha sido sentir esa imposición constante de, por el hecho de ser mujeres, tener un trato claramente diferenciado y discriminatorio.
Vestimenta totalmente tapada con ropas amplias que evitaran insinuar cualquier forma y la cabeza siempre tapada, bajo frases de cualquier mujer local, que si te veían acercarte a alguna puerta al exterior de donde dormias, te gritaban » Be carefull, cover your Head! «, como si de un peligro real se tratara.
Y en realidad, así es en Irán, pues si una mujer no cumple con la vestimenta, es arrestada.
Aunque, incoherentemente para nosotras, no les resulta peligroso conducir 4 en una moto sin casco en sentido contrario desafiando al tráfico desmesurado y caótico.
También sufrimos miradas constantemente por la calle y gritos y pitidos desde los coches y hasta en un ocasión perseguidas con piedras y palos por una mujer de allí.
En más de una ocasión, se nos prohibió terminantemente pedalear por ciertas ciudades más religiosas, curiosamente prohibición que provenía del » Presidente de la comunidad ciclista de dicha ciudad», que nos recibió junto a sus padres con la enorme hospitalidad típica iraní.
Incoherencias constantes, prohibiciones e imposiciones.
Leyes que cambian constantemente y cuyo objetivo final es el soborno con dinero, con lo cual en Irán casi todo se consigue (menos la libertad).
Una experiencia dura, intensa, con algunos momentos difíciles por tener que improvisar y sufrir estos comportamientos en un aventura que ha transcurrido en una interacción constante con gente local. Disfrutando de sus cenas, fiestas y charlas en una mezcla de farsi e inglés que pocos hablan.
Un país con mucha contaminación, un tráfico caótico en las grandes ciudades y unos habitantes sin punto de vista a un mundo exterior, con redes sociales vetadas, y una inquietud constante por saber de donde éramos, a que paises habíamos viajado anteriormente o el precio de nuestras bicis, junto con un orgullo enorme por su país, ajenos a la vida que hay en el resto del mundo.
Volvemos de Irán con una experiencia inolvidable marcada por un país muy diferente al nuestro, con gente muy amable y hospitalaria que nos han dado techo y comida y también una constante sensación de no libertad.
Muchas veces se nos ha pasado por la cabeza la frase: «Que hacemos aquí? «
Hemos disfrutado de un experiencia diferente, pero nos ha resultado duro ese estilo de vida.
De vuelta a España, agradecemos a todos los que han confiado en nosotros y apoyado este reto, que compartiremos con tod@s vosotr@s en nuestras próximas charlas.


Links reportajes y noticias:

Agencia EFE- https://www.efe.com/efe/espana/practicodeporte/nuevo-reto-de-las-ruthis-cruzar-iran-en-bici-por-la-igualdad/50000944-3992330

La Vanguardia- https://www.lavanguardia.com/vida/20190716/463300996470/mujeres-bicicleta-iran-reivindicar-igualdad-genero.html

Eurosport- https://www.eurosport.es/ciclismo/dos-espanolas-cruzan-iran-en-bici-por-la-igualdad_sto7314937/story.shtml